Antes recibían el nombre de mercenarios, pero tras ser prohibidos por la Naciones Unidas en 2001 ahora se les llama contratistas y las empresas dedicadas a estos menesteres son conocidas como PMC (Private Military Company) o EPSD (Empresa Privada Seguridad y Defensa). La denominación oficial de la ONU es ‘Private Military and Security Companies’ (PMSCs).

A pesar de los esfuerzos de algunos por establecer diferencias éticas y legales entre los antiguos mercenarios y estas compañías, porque trabajan para ejércitos gubernamentales y sus actividades están certificadas por esos gobiernos, lo cierto es que sólo es un lavado de cara, porque ni antes ni ahora hay gran diferencia en sus actuaciones sobre el terreno. Me refiero especialmente a aquellos miembros que portan armas. Ni estatutos ni reglas de enfrentamiento. El Documento de Montreux (2008) que regula la industria de la seguridad privada, ratificado por 17 países, pero que no obliga a las partes a seguir sus principios, sólo incluye 70 recomendaciones para operar en zonas de conflicto y algunas otras sobre cómo perseguir las violaciones de la legalidad internacional y verificar sus actuaciones.

Lo que sí han hecho es especializarse en todos los campos –protección, logística, inteligencia, contraterrorismo, desminado, seguridad marítima, transporte aéreo, gestión de riesgos, telecomunicaciones, etc.- y globalizarse, porque no hay ningún conflicto actual donde no haya una o varias de estas empresas actuando sobre el terreno. Estas compañías militares privadas son muy variopintas, las hay que sólo trabajan con telecomunicaciones, mantenimiento, inteligencia o aprovisionamiento de suministros hasta las compañías que son verdaderos ejércitos privados con armas ligeras, helicópteros, vehículos blindados y campos de entrenamiento militar. Teniendo en cuenta que según informó la Patronal Europea en 2017, el volumen de negocio que mueven estas empresas es de 100.000 millones de dólares, no es de extrañar el aumento de estas compañías:

El Departamento de Defensa informa del aumento en los contratistas en Iraq en un 37% (enero 2018). El número de contratistas civiles que apoyan las operaciones de Estados Unidos y la coalición en Irak contra el Estado Islámico va en aumento, incluso cuando las operaciones militares importantes allí han cesado, según las nuevas cifras publicadas por el Comando Central de los EE. UU. (CENTCOM) Fuente: https://www.militarytimes.com/flashpoints/2018/01/16/dod-reports-spike-in-contractors-in-iraq/

¿Por qué han proliferado en los últimos años?

Por cuatro causas fundamentales: el aumento de conflictos de baja intensidad, el deseo de algunos países de no implicarse directamente, la preocupación por las bajas de sus propios militares y por la paulatina reducción de los ejércitos regulares. Luego están las ventajas que ofrecen estas compañías, como la flexibilidad y rapidez de actuación, la alta especialización, la mayor rentabilidad económica porque no exige apoyo social para sus miembros y familias, la formación y mantenimiento corre de su cuenta, su contrato puede rescindirse en cuanto no son necesarias, etc. También tienen sus desventajas, como el incumplimiento de leyes laborales o el escaso respeto a la legalidad internacional, lo que ha ocasionado más de un problema.

Algunas de esas empresas han adquirido renombre internacional y hoy día los nombres de Academi (antes Blackwater y luego XE), DynCorp (la más antigua, que comenzó como una fuerza aérea privada en 1946), Triple Canopy, Garda World (de las más potentes y de origen canadiense), KBR que en Irak fue la principal contratista, G4S, o Control Risks Group, por citar algunas, son sobradamente conocidas. Pero junto a ellas hay toda una pléyade de compañías americanas, australianas, inglesas, francesas y hasta una de la República Dominicana: Northbridge Services Group, con oficinas en Reino Unido y Ucrania, y otra con sede en Perú, Defion International, pero con oficinas abiertas en Irak o Filipinas.

En Rusia, la posibilidad de emplear compañías militares privadas como instrumento de influencia rusa en el exterior fue planteada en 2012 por Alexéi Mitrofanov, diputado de Rusia Justa. “Opino que estas compañías son un medio de implementar los intereses nacionales sin la implicación directa del Estado”. Putin contestó:

“Sí, creo que es una idea que debemos tomar en consideración”. Las leyes rusas prohíben el uso de mercenarios y de PMCs con proyección exterior; sin embargo, la necesidad de dar protección a sus empresas en el extranjero (Gazprom, Lukoil, Transneft) hizo que se modificara la ley de armas en 2008 y bajo la cobertura de esta modificación se crearon las primeras formaciones armadas en el extranjero. A principios de 2017, Putin firmó una modificación legal de la ley 53, referente al reclutamiento militar, para dar cabida a las PMCs. Tras el cambio, ahora la ley establece que cualquier persona que ha completado el servicio militar básico o es un reservista debe ser considerado un miembro de las fuerzas armadas de Rusia si esa persona “impide las actividades terroristas internacionales fuera del territorio de la Federación Rusa.” Teniendo en cuenta que casi todos los hombres en Rusia completan el servicio militar después de terminar la escuela, la nueva ley se refiere a casi todos los hombres rusos. Si luchan contra los terroristas, ahora se consideran miembros de las fuerzas armadas, incluso si ellos no pertenecen oficialmente a una unidad del ejército ruso bajo el control del Ministerio de Defensa. En otras palabras: la Ley 53 permite el despliegue de mercenarios rusos en todo el mundo y consigue aumentar el ejército ruso con las empresas militares privadas.

Había que ajustar la ley al uso que desde hace años se está haciendo de esas empresas tanto en Ucrania como en Siria. Actualmente hay al menos diez de estas empresas funcionando: Wagner (la más popular), RSB Group, MAP, Group Security Moran, Centro R (otros nombres – ‘Tiger Top y ‘Redut-Antiterror), E.N.O.T., Cossacks, ATK Group, MSG Group, Antiterror, SlavCorps (posiblemente disuelta). Se nutren principalmente de ex miembros del Ejército, sobre todo de las Fuerzas Especiales, y de los distintos servicios de inteligencia y también admiten extranjeros.

¿Y China?

Pues también hay PMCs chinas operando por el mundo (allí figuran como empresas de seguridad privada, legales desde 2010) para defender los intereses de las empresas petroleras, mineras y eléctricas que trabajan en lugares donde hay conflictos. Así, están presentes en las explotaciones petrolíferas en Sudán, minas de Afganistán, en una central eléctrica en Irak y en una red de comunicaciones en Siria, entre otros sitios, y necesitan protección. El sector está en sus comienzos, pero está aumentando por la expansión comercial china por el mundo. Además, el gobierno chino quiere proteger sus activos en el extranjero sin que se produzcan incidentes diplomáticos y por eso apoya su trabajo, pero a diferencia del resto de PMCs occidentales y rusas, las chinas no suelen llevar armas, salvo raras excepciones, prefiriendo contratar a grupos locales, mientras que ellos están especializándose en la construcción de campamentos seguros y entrenamiento del personal para saber cómo actuar en caso de ataque. El gobierno no quiere una Blackwater ni los conflictos que podría acarrear. Que se sepa, la principal compañía china dedicada a estos asuntos es DeWe, fundada en 2011 por ex militares y policías que trabajaron juntos en los Juegos olímpicos de Pekín en 2008. Otras empresas son HXZA, que trabaja para Cosco Holding y para China Shipping Containers Line, los dos principales grupos estatales chinos de transporte; JAS Security Group, China Security and Protection Co. y finalmente y con menos importancia, Shandong Huawei, Veterans Security Services y Dingtai Anyuan.

¿Hay PMCs yihadistas?

En febrero de 2017 en un artículo en Elconfidencial.com bajo el título de “La yihad privada: hablamos con los entrenadores de muyahidines en Siria”, se menciona a tres compañías de instrucción militar que ofertan sus servicios a otras brigadas yihadistas en Siria: Tavhid va Jihod, Malhama Tactical e Imam Buxoriy.

Personalmente, no creo que sean verdaderas PMCs, sino pequeños grupos de individuos que han servido en los cuerpos especiales de otros ejércitos y tienen una buena preparación militar (parece que en su mayoría son uzbecos o rusos ex Spetsnaz), que han visto la posibilidad de obtener una rentabilidad a sus habilidades y se ofrecen como instructores de francotiradores, confección de IEDs, manejo de algunos elementos químicos y poco más. Da la sensación, de que han desparecido o disminuido sensiblemente los instructores militares que ciertos países han podido proporcionar y estos individuos pretenden ocupar su lugar. No obstante, es preocupante que puedan ser contratados para ser enviados a otras partes del mundo para instruir ‘in situ’ a yihadistas tanto en tácticas como en manejo de armamento. Y también podría tener un efecto llamada por una parte y de imitación por otra, pudiendo aparecer nuevos grupos de instructores procedentes del Cáucaso u otros lugares.

Quiero terminar este artículo llamando la atención sobre el uso de drones rudimentarios o comerciales (cuadricópteros) que cuestan menos de 500 dólares cargados con explosivos improvisados, que los yihadistas ya han utilizando en Siria. Su efectividad es escasa allí, pero tengo la sensación de que son un banco de pruebas. Utilizados en una ciudad europea su efecto psicológico sería tremendo y los miembros de estas pseudo PMCs yihadistas son expertos en adaptar granadas de mano, de 40 mm ó de cualquier otro tipo, para estos fines, como ya se ha demostrado en distintos ataques confirmados a lo largo de 2016-17 en Siria.

Carlos Fernández-Morán Cadenas de Llano
CEO y Co-Founder de Global Intelligence

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